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DOS AÑOS DE CORAZÓN, TRABAJO Y VALLE
  • lunes, 2 de febrero de 2026

DOS AÑOS DE CORAZÓN, TRABAJO Y VALLE

Cuando Álvaro Garrido recuerda estos dos años al frente del primer equipo de la Mutilvera, lo primero que le viene a la cabeza es la velocidad con la que ha pasado todo. “Se me ha pasado muy rápido”, admite. Desde aquel día de enero en el que le comunicaron que asumiría el banquillo, su vida se convirtió en un no parar: temporadas que terminan, veranos que no dan tregua, plantillas que hay que confeccionar, objetivos que empiezan a tomar forma. “Es muy difícil desconectar. Cuando tienes esa responsabilidad, estás pensando en lo mismo todo el tiempo”.

Ese ritmo constante, casi sin pausas, ha marcado un periodo intenso, exigente y también profundamente enriquecedora para él como entrenador y como líder de un grupo que ha vivido momentos muy duros… y otros inolvidables.

Si hay dos momentos que definen este ciclo, Álvaro Garrido los tiene muy claros. El primero, el descenso de la temporada 23-24. “Fue un momento duro. Lo peleamos durante meses, estuvimos cerca, pero no lo conseguimos”. La caída a tercera Federación supuso un golpe emocional para todo el club, pero también un punto de inflexión. El segundo año después, en la penúltima jornada de mayo de 2025. Tras muchos meses liderando la clasificación, el equipo perdió el liderato a falta de una jornada. “Recuerdo gente del staff y jugadores llorando. Fue un momento muy duro”. Sin embargo, ese dolor se transformó en fuerza.  Álvaro reunió al vestuario el lunes siguiente y dio una charla que él mismo recuerda como uno de sus mejores momentos como entrenador: “Fue una charla muy emotiva. Conseguimos levantar el ánimo y aganamos el último partido. Y con los otros resultados, logramos el objetivo de ganar la liga”.

Paradójicamente, esos dos episodios, los más difíciles, son también los que más orgullo le generan. “El día del descenso recibí muchísimo apoyo de jugadores, de la afición, de la gente del club. Sentí un cariño enorme, incluso cuando parecía que habíamos perdido la liga”.

El salto a Segunda Federación fue un reto mayúsculo. Álvaro venía del fútbol regional navarro y se encontró con un nivel profesional, rápido y exigente. “Muchas veces tienes la sensación de que incluso haciendo todo bien, no te da para superar al rival”. Ese choque con la realidad le obligó a crecer a pasos agigantados. Hoy, reconoce que ese aprendizaje ha sido clave para competir mejor: “Creo que este año estamos haciendo bien las cosas. El aprendizaje de hace dos años me sirvió mucho”.

Para Garri, el crecimiento del equipo no se explica desde una idea rígida de juego, sino desde la adaptación constante. “No considero que tenga una idea de juego como tal. Intentamos ayudar a los jugadores y adaptarnos al rival”. En Segunda Federación, los rivales suelen llevar el peso del partido; en esencial para competir en contextos muy distintos. También destaca la importancia de entender cada categoría, cada rival y cada momento. “Se trata de ir absorbiendo todo lo que puedas para ayudar al equipo cuanto antes”.

Si hay algo que Álvaro considera fundamental y que no siempre se percibe desde la grada, es la unión del vestuario. “El día a día ha sido una maravilla. El ambiente, las ganas de entrenar, la conexión entre jugadores y cuerpo técnico… eso se traduce directamente en rendimiento”. Para él, esa cohesión ha sido la clave para sostener tres temporadas tan exigentes.

Cuando piensa en el futuro del club, Garri no habla de categorías, sino de esencia. “Quiero ver un primer equipo reconocible, con mucha gente de casa”. Para él, mantener jugadores del Valle y fortalecer la conexión social es fundamental. “Si eso se da, el club irá por buen camino”.

Lo que le impulsa cada día es sencillo y profundo: el día a día con el equipo. “Los entrenamientos, el ambiente, cómo se reponen ante las derrotas… cada año disfruto más”. La presión se lleva mejor con el tiempo, pero lo que realmente le llena es compartir el camino con sus jugadores.

Entrenar al equipo de su tierra es un sueño cumplido. “Es un orgullo cada día que estoy al frente de este equipo”. Aunque la competición no deja mucho espacio para detenerse a valorar, Garri siente el cariño del pueblo y del valle, y eso le acompaña en cada paso.

Su mensaje final es claro: “Que sigan apoyando”. Recuerda su primer partido contra en Náxara, el apoyo recibido y cómo la grada fue determinante para ganar la liga el año pasado. “Les debemos mucho. Nosotros intentaremos devolverlo con esfuerzo y con la idea de que el máximo número de jugadores de casa llegue al primer equipo”.

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